miércoles, 29 de julio de 2009

Traduciendo a Kiyosaki.


Traduciendo a Kiyosaki.


Por Patricio Cavalli


Simpático, alto y con mucha confianza en sí mismo, el hawaiano tiene algo para decirnos.


Es para que la analice un psicólogo la historia de Kiyosaki, con sus "dos padres", uno pobre que merece poco afecto de su parte ("era un tipo pobre, sólo un profesor de escuela…") y otro rico, que no había estudiado formalmente nada pero que se había "simplemente hecho rico".


Detrás de sus palabras hay un tema clave, que su metralla contra la educación "que no educa en temas financieros" oculta. Lo que "Kiyo", como le dicen los hombres y mujeres de la Editorial Santillana nos dice no es necesariamente su texto: "Hace falta educar en temas financieros" si no algo peor: "Estamos siendo educados para ser esclavos". O empleados, se le dice ahora.


Traduzcamos a Kiyosaki al buen cristiano. Cuando dice que hace falta educar en temas financieros, lo que realmente está diciendo es que la educación formal, creada en todo el mundo por elites intelectuales encaramadas al poder en el Siglo XIX, no sólo educa para ser empleados de esa misma elite –dueña del aparato productivo-, si no que educa para pensar que no se puede salir nunca de la condición del empleado.


O sea, te enseñan a ser un gilún –con perdón del academicismo-, un hámster que corre y corre en la rueda esperando poder poner en su CV "un día trabajé en tal empresa y el gerente general me dijo al pasar 'que lindo lo que hiciste'…".


Eso es lo que Kiyosaki vino a decirnos. Y tiene razón. Vivimos presas de un pensamiento unicista, unidireccional y consagratorio, donde no aprendemos a lidiar con ninguno de los aspectos de la vida cotidiana que luego nos arrasan cuando salimos de L'Academie y pisamos la yeca.


"Estudio mucho –dijo Kiyosaki- pero no estudio en escuelas. No me gusta que me enseñen a ser estúpido". Y tiene razón, de nuevo. La crisis financiera  global, que dice sólo podrá empeorar a causa de las políticas de Obama ("Un buen hombre, mejor que Bush, pero producto del welfare, que nunca trabajó ni dirigió empresas y que cree que el gobierno debe solucionar todo dando dinero"), no fue creada por gente con una educación no formal –Bill Gates, Michael Dell, Phil Knight, Richard Branson, Mark Zuckerberg, Sergei Brin, Steve Jobs- si no por sabios geniales educados en la Chicago School, Wharton, INSEAD y tantos otros lugares geniales donde parece que se gradúan los genios que destruyen al economía del mundo every one hundred years.


La crisis financiera global debería solucionarse destruyendo de piso a techo esas instituciones, donde claramente la misión de formar genios ha fracasado.


Puede no gustarle al Sarmiento que todos llevamos dentro, pero lo cierto es que la educación universitaria de hoy, al menos aquí, no está preparando camadas de genios brillantes que generen cataratas de ideas, si no autómatas consagrados a fit in en un sistema que claramente demostró no seguir.


"No sean tontos, estudien y trabajen para ustedes", es el mensaje entre líneas de Kiyosaki, que además sabe perfectamente que no todo lo que dice tiene que ser genial (su historia escrita de la Fed en pizarrón dista mucho de ser científica). Pero sabe que dado que él es millonario, la gente lo escuchará igual.


Padre Rico Padre Pobre no es un libro genial; claramente Kiyosaki no escribe como Saramago –otro aporte de Editorial Santillana al mundo-, pero es una obra que quienes crean en un mundo económico movido por ideas y no por dictámenes deberían leer.


Al menos cuando hayan terminado El Viaje del Elefante, que sí está bien escrito.


pcavalli@mercado.com.ar

 


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